lunes, enero 22, 2018

La flecha envenenada

Hace tres meses que estoy llevando a mi perro Beto a la veterinaria. Un día, una mañana de luz, apareció caminando como si tuviera 108 años de edad. Arrastraba las piernas con mucho esfuerzo, le costaba sentarse. Beto es un intento de coli, muy hermoso, con un pecho blanco que brilla. Es tan hermoso que la mayoría lo confunden con una perra. Tiene la habilidad de salir a pasear sólo, le abro la puerta a la mañana bien temprano y sale, da una vuelta manzana y después vuelve a casa.

El primer día que lo llevé a hacerlo ver, tenía 40 grados de fiebre y una infección urinaria, que hizo que las cuatro patas se le hincharan de una forma extraordinaria. Entonces comenzó el derrotero de las pinchaduras. La zona de la próstata es complicada y darle cuatro pastillas a un perro es realmente difícil. Por eso tuve que empezar a llevarlo día por medio a ponerle la vacuna. Primero te abren la puerta con un portero eléctrico, después hay que atravesar el pasillo minado de producto balanceado, para llegar a una sala de espera repleta de gente con otros perros. Hay que sentarse y saludar, ser amable, y hasta intercambiar alguna palabra! En esos momentos mi perro no sabe bien qué le pasa. no sabe si mover la cola, si comerle el brazo al tipo de al lado. En fin, pinchazo, dos preguntas, y salimos de ahí más empobrecidos que nunca. Cada pinchazo sale una fortuna.

Lo cierto es que Beto es una especie de montaña rusa. Un día amanece excelente, con buen estado de ánimo, otro día parece un veterano de guerra, al borde del abismo. Cuando estamos sentados esperando para que nos atiendan pienso en la fábula de la flecha envenenada. Es quizá una ley, si llevas más de cuatro veces a tu perro al veterinario en el mes, la flecha envenenada comenzó a funcionar.


martes, enero 02, 2018

Calle-George Oppen


Ah, ésos son los pobres,
Ésos son los pobres—
Bergen Street.
Humillación,
Adversidad…
No es que sean muy buenos entre ellos;
No es eso. Quiero
El final de la pobreza
Tanto como todos
En nombre de la inteligencia,
‘La conquista de la existencia’—
Se ha dicho, y es cierto—
Y esto es verdadero dolor.
Más aún. Es terrible ver a los niños
Las honradas pequeñas;
Tan buenas, esperan ser tan buenas…

domingo, diciembre 24, 2017

sábado, diciembre 16, 2017

Olvido-José Villa

Olvido

Te veo
y es como si viera
un pedazo de cartón
o un mueble
o una piedra

Te veo
allí
en la cocina
preparando tu famoso
espaghetti a la boloñesa
o en la cama
poniéndote crema en las piernas

y,
por más que intento
te juro
que ya no consigo recordar
ni que me maten
qué coño fue lo que te vi
aquella aciaga noche de octubre
hace 2 años
cuando conocí
a la mujer
más bella
del mundo

José Villa

lunes, diciembre 04, 2017

sábado, noviembre 18, 2017

Ante cada situación difícil

ante cada revés

ante cada desilusión

Siempre

me hago

la

misma

pregunta:

¿A dónde está tu corazón?

viernes, noviembre 17, 2017

El rocío cubrió de a poco el césped

Una fina capa esconde la gran pregunta:

¿Alguna vez llevaste el pan envenenado

a tu

casa?

miércoles, noviembre 15, 2017

¿¡Qué es lo que hace que sigamos adelante!?

El hombre que corta los boletos tiene una virgen en su brazo.

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Lother

Llegamos de noche, enganchados al camión de Magrao por una soga vieja. Magrao es un camionero que tiene la risa como respuesta a todo. Si te están por cortar una pierna él seguramente se reirá. El portón de metal se abre y de ahí sale un hombre bajo, morocho, con lentes y ropa manchada. Estamos en un barrio lateral, sobre una calle de tierra, mal iluminada. El hombre es una especie de nube que camina a ras del piso, a cada frase aletea con los brazos. Enseguida se tira abajo del motorhome, lo mira, habla para él mismo, toca piezas, hace silencio. Estamos todos mirando para abajo como si buscáramos algo perdido. Hoy ya es tarde, dice, mañana vamos a desarmar el motor para ver que piezas están dañadas. Yo los voy a ayudar a ustedes y ustedes me van a ayudar a mí.

Lother nos invita a pasar, el portón se cierra detrás nuestro rápidamente. Hay un desorden importante. Mugre, radiadores viejos, cajas de cambio, baldes con tornillos, agua acumulada en hoyas. Llegamos a un patio con una cocina al aire libre, con techo de chapa. Una soga con ropa colgada decora la escena. El desorden sigue. Hay un mostrador de carnicería, asientos de autos de carrera, dos perritas en miniatura, ladrillos apilados, lavaropas, pulgas, latas de cerveza. La casa es un proyecto a medio hacer. La noche es cálida y nosotros nos estamos aclimatando a lo desconocido. Estamos a minutos de que ese clima se inunde, se desborde, como las casas que duermen al borde del mar. Lother prepara su golpe al mentón.