sábado, noviembre 18, 2017

Ante cada situación difícil

ante cada revés

ante cada desilusión

Siempre

me hago

la

misma

pregunta:

¿A dónde está tu corazón?

viernes, noviembre 17, 2017

El rocío cubrió de a poco el césped

Una fina capa esconde la gran pregunta:

¿Alguna vez llevaste el pan envenenado

a tu

casa?

miércoles, noviembre 15, 2017

¿¡Qué es lo que hace que sigamos adelante!?

El hombre que corta los boletos tiene una virgen en su brazo.

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Lother

Llegamos de noche, enganchados al camión de Magrao por una soga vieja. Magrao es un camionero que tiene la risa como respuesta a todo. Si te están por cortar una pierna él seguramente se reirá. El portón de metal se abre y de ahí sale un hombre bajo, morocho, con lentes y ropa manchada. Estamos en un barrio lateral, sobre una calle de tierra, mal iluminada. El hombre es una especie de nube que camina a ras del piso, a cada frase aletea con los brazos. Enseguida se tira abajo del motorhome, lo mira, habla para él mismo, toca piezas, hace silencio. Estamos todos mirando para abajo como si buscáramos algo perdido. Hoy ya es tarde, dice, mañana vamos a desarmar el motor para ver que piezas están dañadas. Yo los voy a ayudar a ustedes y ustedes me van a ayudar a mí.

Lother nos invita a pasar, el portón se cierra detrás nuestro rápidamente. Hay un desorden importante. Mugre, radiadores viejos, cajas de cambio, baldes con tornillos, agua acumulada en hoyas. Llegamos a un patio con una cocina al aire libre, con techo de chapa. Una soga con ropa colgada decora la escena. El desorden sigue. Hay un mostrador de carnicería, asientos de autos de carrera, dos perritas en miniatura, ladrillos apilados, lavaropas, pulgas, latas de cerveza. La casa es un proyecto a medio hacer. La noche es cálida y nosotros nos estamos aclimatando a lo desconocido. Estamos a minutos de que ese clima se inunde, se desborde, como las casas que duermen al borde del mar. Lother prepara su golpe al mentón.



Todo este mundo que conocemos

Va a desaparecer

Y en esa búsqueda constante

Los pájaros, los árboles, el cemento,

Se reiniciarán como una computadora

en mitad de la noche.


miércoles, septiembre 20, 2017

Beatriz Sarlo



Hace poco encontré casi toda la colección del centro editor de América Latina. Un catálogo lleno de buena literatura. Sarlo me parece una de las mejores intelectuales que nos dio este país. Con sus sinuosidades, sus posturas políticas equivocadas, su soberbia inteligencia. Me gusta cuando habla de ciertas transformaciones a partir de la experiencia sensible, esa idea de que, un intelectual, se forma en lo lateral. Lo mejor de las universidades sale de lo lateral. Es una especie de madera para naufragar en aguas más intensas. Es decir, un punto de apoyo. El que se lo toma muy enserio el centro, mata al genio o es un engranaje más del aparato cultural momificado. En esta charla Sarlo habla de Borges, de Juan José Saer, escritor santafesino notable. Ambos escritores son sus dos obsesiones.




Esta conferencia sobre Borges, el escritor inevitable dice Sarlo, es muy interesante para pensar las dimensiones que tiene. Habla de un Borges posicionado desde la falta. Eso que venía en sus genes pero que en él no se manifiesta. Habla de vida y muerte. De falta de coraje. Un hilo de cierta culpa recorre su literatura. La palabra culpa en alemán significa deuda. Por eso, su escritura tiene que ver con cuchillos. Con duelos. Con la periferia que se aleja de lo civilizado. Es una expresión de deseo del escritor. Vitalidad bestial, fuerza puesta en acción. Alguien que narra, por lo general, no actúa. Sus líneas son acción en la dimensión posterior. Sarlo dice "la tradición familiar de Borges tiene batalla en su sangre, tiene tierra, agua, viento, fuego". Además, plantea un eje interesante, en el que la literatura de Borges se adentra en tiempo y espacio histórico real pero con palabras ficticias. Seres de a pie convocados a poner el cuerpo al sueño, a lo fantástico.

miércoles, agosto 23, 2017

miércoles, julio 19, 2017

El Brasil

Sin dinero y con el motor del auto destrozado

caminamos por la rambla.

La junta se sopló como un corazón viejo

El Brasil nos recibe así